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miércoles, 9 de marzo de 2011

Aquellos años...

Aquellos tristes años de mi infancia, esa educación de la que soy hijo, esa negrura del día a día, aquella lucha constante por la supervivencia, esa falta de ambición en toda la sociedad, al menos en la rural, aquella que me toco vivir, esos días grises, esos miedos pegados a los cuerpos enjutos de los adultos, aquellas ambiciones por superar el día a día, ese afán por apagar el hambre físico, el espiritual ya estaba suficientemente abonado y cultivado por la Santa Madre Iglesia, el político no era necesario en aquellos tiempos las ideas políticas eran cuestión de Estado unicamente. Las inquietudes eran más bien pobres, no iban más allá de las también pobres ambiciones que se cocinaban en cada individuo, ni siquiera la felicidad era una de las principales metas a alcanzar, unicamente la supervivencia, saciar las necesidades primarias, el resto de cuestiones eran secundarias.
La educación era cuestión de orden público, estaba amparada por la administración, ella alimentaba el espíritu conformista y pobre que imperó en la España de esos cuarenta años en los que la historia se escribia en blanco y negro, se trasmitía en radios y desde el ministerio de información. Fueron años de formación del "espiritu nacional" , tristes, grises, sin nada que ofrecer y muchas cosas que cercenar, ellos se encargaron de hacerlo desde la más tierna de las formaciones para crecer en aquella única dirección. ¿Quién  puede tener nostalgia de aquellos días?, ¿cómo se puede añorar ese tiempo de tinieblas pobre y brumoso?. Hoy quizá no estemos en el mejor de los mundos pero al menos superamos aquellos días pobres, tristes, grises y aculturales, desinformativos y antieducativos. Siempre esperé que lo supieramos aprovechar, quizá llegó el momento de ponerlo en duda, aunque bien pensado...hoy al ser libres algunos no han querido ni ser hombres ni permitir que otros lo fueran.

viernes, 4 de febrero de 2011

Desestabilizacion...?

Miro con esperanza la revuelta popular que se está llevando a cabo en los países del norte de África, deseo de corazón que sepan administrar esa conquista que tanto les está costando, espero que ningún político arribista, desahogado o sin escrúpulos de los que se encuentran en cualquier lugar de este mundo se aproveche de la situación que tanto sacrificio está costando al pueblo egipcio y antes al tunecino. Espero que esta mecha que prendió inicialmente en Túnez tenga su continuidad en todos aquellos países que se encuentren sojuzgados o gobernados por tiranos, sátrapas, dictadores o iluminados por alguna  religión, creencia o extraña iluminación. Estos personajes que se suelen erigir en salvadores de sus respectivos pueblos, suelen decir que después de ellos el caos, son en su fuero interno imprescindibles y en su comportamiento unos auténticos ladrones; ladrones por dos razones, primero por llevarse aquello que no les pertenece y segundo por quitar a su gente la posibilidad de ser ellos mismos, de regir sus vidas, en definitiva les roban su libertad.
Creo que si estas revueltas llegan a buen puerto y esa mecha sigue encendida puede tener una repercusión parecida sino mayor que la que en su momento tuvo la caída del muro de Berlín. Ha llegado el momento en el que cada pueblo decidirá por sí mismo su destino.

miércoles, 12 de enero de 2011

Ya está.


   Ya pasaron las navidades, la noche vieja y los reyes, fiestas que la mayor parte de la gente espera ilusionada quizá pensando que éstas modificarán su vida o al menos que encontraran alguna novedad entre tanta rutina. Hoy, ya más tranquilo y después de comprobar que en mí no se obró milagro alguno, he paseado por el barrio y por la ciudad, he seguido viendo las mismas caras de hastío, desilusión, recogimiento o entereza que antes de esas fechas que todos señalamos en el calendario. Me alegró saber que mis compañeros siguen ahí, al igual que yo madrugando, que mis vecinos vuelven a la rutina diaria; que las desilusiones siguen siendo las mismas para todos y que van desde la política, economía hasta el equipo de fútbol, seguimos teniendo las esperanzas puestas en los hijos, que ellos consigan....pero volverá la próxima navidad, el fin de año y de nuevo los reyes. Nos volveremos a cargar de ilusiones y de vanas esperanzas que harán más agradables sino felices unos días, volverá el ajetreo familiar a rondar en todos los hogares, habrá unos días en los que las penas parecerán disolverse o evaporarse, se olvidarán al menos; compartiremos una alegría que durante otro tiempo y por la razón que sea parece haberse ido de nosotros, nos desearemos felicidad, bondad para esos días y para el resto del año, los buenos deseos nos apabullarán durante esas fechas; la verdad, se vive mejor con eso que con caras largas o saludos a medias. De momento lo que toca es afrontar el día a día, el trabajo o el desempleo, la realidad cotidiana nos pone a cada uno frente a nuestra propia realidad. Es hora de aportar soluciones a nuestros problemas, tenemos ya los días para comenzar a poner fin a éstos y poner los cimientos para nuevas esperanzas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Domingo

 Cada domingo me hago el remolón en la cama hasta que me puede la necesidad y me levanto. Mi ritual después de la higiene, desayuno y abluciones es la de bajar a la calle, tomar un café, dar un paseo, comprar el periódico y el pan, disfrutar de la mañana sin obligaciones ni prisas degustando cada uno de los pasos que doy, exprimiendo cada una de las sensaciones que percibo, a veces sentándome en un banco del paseo fluvial, otras mientras mis pasos me conducen por nuevos caminos, es verdad, todos están descubiertos, pero no todos los días esos caminos o esos descansos en los bancos muestran los mismos escaparates. Hoy he vuelto a la rutina dominguera, pero hoy notaba un aire especial en el ambiente, estaba el día gris, lluvioso, temperatura agradable, parecía un día recién lavado y perfumado, era uno de esos días en los que me gusta caminar y caminar, en ese deambular sin rumbo fijo uno se encuentra a todo tipo de personajes, el deportista sudoroso que nos rebasa dejando tras de sí una exhalación de exigencia, el anciano que pasea sus experiencias esperando el futuro prometido, los que como yo son simples paseantes que rumian sus reflexiones o evalúan su situación, señoras que acarrean el pan, los cruasanes, magdalenas... para el desayuno de los suyos, jóvenes que regresan después de una noche en vela, otros incalificables que la vida les llevó a estar en la calle a esa hora; en definitiva la vida sigue como cada día y como cada día la necesidad y la exigencia de la gente sigue existiendo, sigue siendo el motor que nos moviliza, nos exige volver ponernos en pie, volver a afrontar el día a día, vencer o rodear dificultades para seguir viviendo. Mi paseo de hoy también era una exigencia y necesidad de mi propia existencia.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Otoño


                                                 
Aún hoy recuerdo el olor que me dejaban estos días alegres del otoño en mi infancia, era un olor neftalina, hierba seca y humeda, a oreo de praos pastados, a sangre coagulada en la comisura de los labios. Hoy lo recuerdo como parte de unos felices días de infancia, de juegos sin reglas en la plaza del pueblo o en los huertos circundantes, eran noches frías y secas corriendo en pos de las quimeras infantiles, de héroes que fingiamos, de pequeñas rivalidades que se iniciaban. Eran cielos estrellados, maullidos de gatos que buscaban refugio, graznido de chovas y grajas que acudían al abrigo de los álamos para pernoctar al abrigo que éstos ofrecían, gritos de muchachos en pantalón corto que disfrutaban de las primeras libertades paternas, voces de mujeres llamando a sus hijos, corros de adultos expirando humos de sus cigarros liados charlando sobre la sementera que se iba, eran noches, en fin, de juegos, de locuras infantiles, de cultivadas ilusiones, de chimeneas vomitando el humo de los cálidos hogares en donde se cocía  la leche recien ordeñada, eran las primeras escapadas de la casa paterna, era el inicio de los primeros vuelos, era la novedad del coche de línea que pasaba entonces, el ruido del carrillón del reloj del ayuntamiento marcando inexorable los cuartos y la horas, eran las luces mortecinas de las ventanas y del alumbrado público, el vaho saliendo de nuestras bocas por el esfuerzo de los juegos, era el cansancio que empezaba a adueñarse de nosotros tras un día de frenética actividad, era en definitiva, el olor que este otoño he buscado.